Suele decirse que la pintura no es infraestructura, pero marcar el suelo –recuerden la pandemia y el controvertido urbanismo táctico– puede ayudar a modificar la movilidad y la convivencia en el espacio público. No es el objetivo de la medida presentada ayer, pero sí se espera un ligero cambio de hábitos, una mejora substancial en cuanto a la principal lacra de la red de autobuses de Barcelona: la raquítica velocidad comercial. Los vehículos de TMB van tan lentos como a principios de siglo (por debajo de los 12 km/h de media) y para tratar de solventarlo, en la calle Balmes se tatuarán en la calzada cuatro alfombras rojas que darán prioridad al transporte público por encima del automóvil privado. Es una prueba piloto, y dentro de seis meses, ya veremos. Seguir leyendo… Navegación de entradas Una inédita investigación cataloga centenares de grafitis históricos de barcos en Catalunya Los comunes se avienen a negociar con Collboni las nuevas ordenanzas fiscales