La AP-7 del 2026 es el resultado de una suma de circunstancias. La autopista no puede entenderse sin su relación y conexiones con el resto de la red viaria, la presencia de polígonos industriales en su perímetro, la frontera, su papel de nexo con el resto del Estado o la coincidencia con el puerto de Barcelona. Luego también están los conductores, con su pericia y hábitos cambiantes. Y, por último, el estado de los vehículos que la pisan. Es, así las cosas, una suerte de ser vivo que en septiembre del 2021 experimentó una precipitada alteración de su genética: el fin de los peajes. En estos cinco años, el crecimiento de la circulación ha sido constante. De media, el aumento acumulado ha sido del 45%. En este 2026, según confirma el Servei Català de Trànsit (SCT), ya se ha tocado techo y el número de usuarios de la arteria ha dejado de subir.

Seguir leyendo…

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *