En el cementerio de Montjuïc, una llamativa lápida en mármol con el trazado del Eixample cubre los restos de Ildefons Cerdà, el arquitecto de Barcelona. La obra tiene tanto de homenaje como de disculpa. La figura de Cerdà hasta mediados del pasado siglo fue víctima en Barcelona de tanto rechazo entonces como admiración ahora.

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