Ha empezado académico, quizás en exceso en virtud de sus años como profesor, y ha sido en el ocaso de su larguísimo discurso cuando José Antonio Acebillo ha regalado su vehemencia, que no es más que el reflejo de una pasión: la ordenación urbana. El demiurgo de la Barcelona anterior y posterior a los Juegos del 92 ha recibido este lunes por la tarde el reconocimiento del Ayuntamiento de Barcelona, una placa que le da las gracias por, ha dicho el alcalde, “redefinir la ciudad desde una mirada metropolitana”.

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