No es un lugar que esconda una historia épica, pero sí es un balcón que forma parte de la vida de muchos barceloneses. El mirador de Sarrià, en la curva más pronunciada de la carretera BV-1462 que une este barrio con Vallvidrera, se aisló durante la pandemia y hasta ahora ha permanecido casi siempre cerrado con una cadena y unas barreras de cemento tipo new jersey, como las que se hicieron famosas en la reciente era del urbanismo táctico. Solo las motos, de manera algo furtiva, y los ciclistas pueden aparcar en una esquina y disfrutar de las vistas. Ahora el Ayuntamiento de Barcelona tiene un proyecto entre manos para recuperarlo. No es un dineral, pero son 40.000 euros que permitirán revitalizar uno de los espacios más simbólicos de la zona. Eso sí: los futuros usos no están nada claros. No hay baterías antiaéreas como las del Carmel y no suelen verse turistas, pero es una de las mejores atalayas de la ciudad, ya que, sin estar a un altura exagerada, poco más de 200 metros sobre el nivel del mar, desde aquí se ve buena parte de la capital catalana (con la barrera de los Tres Turons), el puerto y un pedazo de Baix Llobregat. Llegar a pie es una innecesaria aventura por el inexistente arcén de la carretera –ningún camino de Collserola llega hasta aquí, aunque está justo debajo de la carretera de las Aigües– y no caben más de 12 coches.Más allá de la renovación, necesaria por el mal aspecto que tiene el lugar, lo más importante será la reapertura del espacio. En marzo se cerró de manera permanente por las restricciones de la peste porcina africana que afecta a los jabalíes del parque natural de Collserola. Pero lo cierto es que desde el inicio de la pandemia del covid ya era muy difícil encontrar la valla abierta. Seguir leyendo… Navegación de entradas Rodalies vuelve a colapsar por la lluvia y afronta otro lunes de caos con líneas cortadas El temporal ‘tropical’ deja dos muertos y un rastro de destrucción