No tuvo un arranque sencillo. Muchos residentes volvieron de las vacaciones de agosto y se encontraron cambios de dirección, calles pintadas, restricciones de tráfico, aparcamientos eliminados en la calzada. Falló la información. Así nacía la supermanzana del Poblenou, la primera vez que este invento urbanístico teorizado a mediados de los 80 se atrevía a meter la patita en la trama de Ildefons Cerdà –tan igual, tan democrática– después de las experiencias en Ciutat Vella y Gràcia.

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