Son tantos los cortes e incidencias que viene sufriendo en las últimas semanas la línea de Vic que los responsables de Rodalies han decidido tirar la toalla. Aunque siga habiendo servicio ferroviario, unos autobuses hacen todo el recorrido de la R3 de manera permanente desde la semana pasada. Se trata, en cierto modo, de un reconocimiento tácito de la incapacidad de garantizar que los trenes pueden prestar un servicio con una mínima fiabilidad en una de las líneas más castigadas de la red ferroviaria catalana.

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