El momento álgido del jarreo de este martes no ha coincidido con la hora punta matinal, cuando las calles están llenas de chavales camino de la escuela y muchos no cogen el paraguas porque es un complemento que combina mal con la adolescencia. Es de lo poco que ha concedido una tormenta que ha azotado Catalunya de sur a norte, en el litoral y prelitoral, y que afortunadamente no ha dejado desgracias personales pero sí muchos problemas logísticos, de transporte, de inundaciones, de llegar tarde, de preguntarse si las infraestructuras están preparadas y de adaptarse a una meteorología que condiciona cada vez más la vida humana.

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