Hace tres años que un puñado de vecinas de la calle Aldana del barrio de Sant Antoni de Barcelona es testigo del descenso a los infiernos de A. “Vive delante de la agencia de viajes, en la acera”. “Algunas noches se pone a gritar… y es tan estremecedor que luego te cuesta volver a coger el sueño”. “Se droga en cualquier sitio, defeca en los parterres, a veces camina desnudo, balbuceando… y se te encoge el alma”. La irrupción del crack está agravando la crisis de convivencia de este lado del Eixample, tanto que mucha gente ya está cambiando sus costumbres. El safari fotográfico de estas vecinas resulta muy inquietante. Seguir leyendo… Navegación de entradas El contrato programa de Rodalies permite a la Generalitat penalizar a Renfe por los retrasos Luz verde a la reordenación de las terminales de cruceros del puerto