Marta y Roc acostaron a sus dos hijos pequeños, de 1 y 3 años, sobre las 21 horas. Exhaustos, se tumbaron en la cama. Era el domingo 20 de septiembre. De pronto escucharon un pequeño traqueteo en el falso techo, como un repique de tambor. Cada vez más fuerte. De pronto, aquello que había ahí ya no solo caminaba: corría. El tintineo no era de dos patas, eran más.

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